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foto/cine

El Acorazado Potemkin

No me atrevo a decir que mi pasión por el cine  nació después de ver en la desaparecida Asociación de Amigos de Mieres, hace ya ya un montón de años, la mítica película del que quizás fuera el mejor director de cine de la historia del séptimo arte, el ruso Sergei M Eisenstein, y digo que no me atrevo  porque conozco muchas anécdotas positivas sobre la historia de esta película, y una de ellas es el haber inoculado ni más ni menos que a Billy Wilder la pasión por el cine, cuando en 1926 acudió a su proyección en Berlín. El joven Wilder quedó muy impresionado por esta obra maestra sobre un motín en un barco durante la revolución de 1905. Como el resto del público, quedó atrapado en su butaca, dominado por su enérgica fuerza, por la violencia de sus imágenes en función del mensaje. Naturalmente, Wilder asegura que también veía un “peligro” en esta energia dominante, el mismo peligro que más tarde olfatearon los cazadores de brujas de Hollywood: la violencia atracción que puede emanar de una película. Cuando aprendió el oficio, Billy Wilder solía poner de ejemplo algunos de los trucos más brillantes de Einsenstein; por ejemplo, la habilidad con los que utilizaba los insertos para dotar a sus películas  de una potencia tan arrolladora, capaz de sacudir una sala abarrotada de espectadores inmovilizados en sus butacas.

No me cabe la menor duda de que esta película y aunque la comparación con Billy puede resultar mas que odiosa, para mi es la primera gran película de la historia del cine. Hoy ningún estudioso del cine pone en duda de que Sergei M Eisenstein fue el primero en dictar cátedra. Él fue el que descubrió que la cámara no precisamente debía tomar las escenas frontales, sino que podían tomarse en planos de izquierda a derecha en tomas de abajo hacia arriba, y viceversa. Fueron muchos los directores consagrados que en ocasiones a la hora de filmar sus películas  hacen guiños a sus obras o intentan homenajear con sus trabajos al director ruso, como podemos observar en “El Resplandor” de Kubrick, el terror de la madre en hotel y la madre de la escalinata de Odessa; ó a  Brian De Palma en los “Intocables…” en su homenaje a “El Acorazado Potemkin” con el carrito del bebé bajando las escaleras. A pesar de la distancia de los años, podemos observar la escena de Brian como una pequeña chapuza si la comparamos con la de Eisenstein. La secuencia de la escalera de Odesa de El acorazado Potenkin, basada en hechos reales ocurridos en 1905, está considerada una de las mejores escenas de la historia del cine. Con un montaje frenético y un majestuoso control de la puesta en escena. Einsenstein manipula el espacio y el tiempo real para crear la inolvidable imagen del drama de las víctimas inocentes aplastadas por la opresión del estado, la imagen de carrito del bebé es única, la prueba es que Brian De Palma lo intenta en los Intocables de Elliot Ness, con el carrito en la estación del tren, mientras los intocables esperan al contable de Al Capone, pero no consigue dominar el tempo real, a pesar de que esta toma se hace 62 años después de la del realizador ruso.

En El Acorazado Potenkin había una inserción especialmente inolvidable: los marineros se quejan de la comida, la carne está podrida y amenazan con un motín. Entonces se llama a un médico, un hombre bajito que lleva una barba puntiaguda y unos quevedos. ëste contempla la carne, y para poder verla mejor se quita los quevedos y los utiliza como si fuera una especie de lupa. Y es esa lupa lo que aparece como inserto, en un primer plano; entonces pueden verse una cantidad de gusanos retorciéndose  dentro de aquella carne. El médico se da vuelta hacia los marineros y dice: <<la carne está en perfecto estado>>. Y el público, en el cine, se estremece de rabia.

(Billy Wilder y Hellmuth Karasek, Nadie es perfecto)

Los habitantes de Odesa se encuentran en la escalera mostrando su solidaridad con los marineros del acorazado, que ya se han amotinado para protestar por las condiciones opresivas que sufren a bordo. De pronto aparece un destacamento de cosacos y abre fuego contra la multitud sin que haya habido provocación previa. Durante la matanza, Eisenstein enfoca muchos rostros, destacándolos entre la multitud -vemos incluso a un burgués que se burla del fervor revolucionario- , pero en cambio muestra a los cosacos sin rostro, como un grupo anónimo representado con una metonimia, pues solo vemos sus botas y sus rifles. Marchan de manera mecánica y despiadada mientras el pueblo de Odesa huye en diferentes direcciones, son individuos que responden de modo distinto ante la misma amenaza. Einsestein manipula con destreza la composición de la imagenes, la escala de las tomas y el movimiento dentro del plano, de modo que contrastan unas imágenes con otras. El director era perfectamente consciente del potencial propagandístico que ofrecía el cine y logra que, al ver esta escena, el espectador no pueda evitar identificarse con el pueblo que se enfrenta a la crueldad de los cosacos. La secuencia es un claro ejemplo de la máxima de Einsestein de que <<el montaje es conflicto>> cosa que aquí plasma simultáneamente tanto en la forma como en contenido.

Esta película que sigue siendo muda, y cuando se creó, ni siquiera tenía banda sonora, sería posteriormente Krioukov quien lo hiciera, en otros casos fueron Prokofiev, Shostakovich quienes lo hicieron. Así que si esta peli la ponemos hoy a nuestros hijos o nietos y , una de dos, o se duermen o se parten el culo de risa, dónde antes al espectador se le “revolvían las tripas”, pero…así están las cosas.

Esta obra de arte está editada en DVD, aquellos amantes del cine y la fotografía que no la hayan visto aún, les recomiendo de que si tienen oportunidad no se la pierdan.

MOLDEANDO LA LUZ


SINFONIA DEL TERROR. (Nosferatu) 1922 de F.W Murnau

El día en que F.W Murnau cumplió doce años, su padre le regaló un teatrillo de marionetas en el que montó muchas obras junto a sus hermanos. Ahí empezó todo. En la novela Drácula, Bram Stpker describía a su vampiro como un anciano de elevada estatura, perfectamente afeitado a excepción de un granbigote cano y vestido completamente de negro. Murnau, cautivado por esta figura romántica condenada a la muerte en vida, a vagar cada noche  de su eternidad en busca de sangre humana, se ciñó a su descripción más de lo que luego lo harían las numerosas versiones del trágico conde que se han hecho a lo largo y ancho de la historia del cine. Murnau eligió a un tipo flaco  y feo llamado Max Schreck, le visitó con un atuendo estrafalario, casacas que estilizan aún más su triste figura, turbantes que cubren su craneo pelado y puntiagudo. Cambió el gran bigote cano por unas cejas sombrías y le dotó de unos dedos pálidos y extralargos, dándole un aire fantasmal de ave de rapiña, de buitre carroñero que anuncia la cercanía de la muerte. En la película de Murnau, el conde Drácula pasó a ser el conde Orlock, Nosferatu. <<¿No suena esa palabra como el grito del pájaro de la muerte a medianoche?>>, reza el cartel mudo de esta película. El cambio de nombre se debía a una estrategia para esquivar el pago de los derechos. Pero no evitó las denuncias de la viuda de Stoker, y la película fue condenada a perecer bajo las llamas. Por fortuna, sobrevivió una copia de esta primera pulsión del mítico vámpiro, pero no solo es la primera sino la más original y aterradora. El manejo de la luz y las tinieblas, los rostros resaltados, los ángulos irreales, la carga lírica que poseen sus imágenes, acaso se deban tanto al movimiento expresionista que fascinó a Marnau en su juventud, como a su experiencia en aquel teatrillo familiar de infancia.

<<De la semilla de Belials nació el vampiro Nosferatu. Se alimenta de la sangre de los humanos. Este ser irredento habita en cuevas espeluznantes, en tumbas y ataúdes. Estos deben estar llenos de tierra maldita por Dios, sacada de los campos de la muerte negra.>>


Momentos inolvidables del cine a través de la fotografía.

Iniciamos un nuevo espacio en nuestro blog de Moldeando la Luz, a los grandes fotógrafos se une ahora este ambicioso proyecto de recopilar  escenas inolvidables del cine.

En algunas de estas imágenes inolvidables, adjuntaremos textos de Juan Marsé, un escritor amante del cine que ha disfrutado desde su infancia de este espectáculo desde las primeras filas del patio de butacas. Por aquí desfilarán personajes de míticas aventuras, como el Tarzán de Edgar Burroghs Rice y los personajes de Salgari. Pero, sobre todo, nos enriqueceremos con la magia del cine: con los westerns de Jhon Ford y Henry Hattaway, con las grandes comedias de Hollywood al mando de Frank Capra y Willy Wilder o con las obras emblemáticas de directores como Kubrick y tantos otros, leyendas del arte del celuloide. Muchos de nuestras generaciones de espectadores, nos han marcado las historias y las anécdotas, los actores y las actrices del séptimo arte.

Las imágenes de miles de fotogramas  se han convertido en parte del imaginario común. Las películas forman parte de nuestra felicidad y de nuestros recuerdos. Muchas de las escenas nos integran en la general colectividad del homo videns y a la vez, evocan en cada uno momentos muy personales. Algunos de éstos son compartidos por entendidos cinefélicos y por ciudadanos que encuentran en el celuloide el lugar donde se cumplen los sueños más íntimos, quizás nunca realizados o irrealizables.

La fuerza expresiva y dramática del cine condiciona nuestras vidas.  Además de transportarnos a lejanos mundos o de hacernos vivir gestas heroicas, es innegable que nos pone frente a las realidades de la vida: brutales o nobles, sencillas o enmarañadas.  Y éstas, protagonizadas por un star system que pervive en nuestra imaginación y que conforma una parte importante de nuestra cultura, permiten que experimentemos con la realidad a través de la ficción hasta extremos insospechados.

Sigue siendo muy cierto, quizás más que nunca, que una imagen vale más que mil palabras. Obviemos entonces los discursos y hagamos que hable el poder de las imágenes y de la luz contenidas en la serie de fotografias que a partir de ahora iremos subiendo a nuestro blog, comenzaremos con las lás películas de los años 20 y terminaremos en con la imágenes más actuales del cine actual.

MOLDEANDO LA LUZ